Los Señores del Karma | D.T. Marches

Nota de yosoyespiritual.com: Se podría decir que este artículo es como una segunda parte de otro llamado «El Tribunal Kármico«, transmitido por el Amado Maestro El Morya. Si deseas leerlo haz clic aquí

 

Cada alma que alguna vez ha encarnado en este planeta ha pasado, entre encarnaciones, por los Salones del Karma que presiden unos Seres altamente evolucionados, grupo al cual se le conoce como los Señores del Karma. Karma es el efecto de causas establecidas por individuos en sus viajes por el universo, desde el momento en que por primera vez escogieron entrar a la evolución de este planeta, en su deseo de convertirse en co-creadores con Dios. Este karma podrá ser feliz o lo contrario, de acuerdo a las causas puestas en movimiento.

Antes de la «caída del hombre,» cuando las almas vivían en sus cuerpos etéricos y no habían rendido sus centros creativos (pensamiento y sentimiento) al uso de la personalidad externa, no había necesidad alguna para los servicios de un Tribunal Kármico, al menos en cuanto a este planeta concernía. El hombre realizaba su Plan Divino con amor, sabiduría y júbilo, y así entraba al seno del Padre sin mácula. Fue únicamente cuando el hombre, mediante su voluntariedad, escogió experimentar con las fuerzas vitales y, al bajar su visión, creó formas inferiores a la perfección de su Padre Celestial, que la Ley Cósmica —la cual gobierna todas las expresiones de vida-consideró necesario establecer una Junta Kármica bajo cuya dirección la corriente de vida experimenta los efectos de las causas establecidas por sí misma Este servicio continuará en tanto que el hombre elije vivir en la conciencia inferior —que es denominada la «conciencia humana»—y es de esta oquedad de congoja auto-creada que los Maestros de Luz se están esforzando por sacar a la humanidad, mediante la instrucción de la Ley Superior que gobierna la evolución y la creación.

 

ALMA PURA

El alma del hombre es fundamentalmente pura es una proyección o extensión del Cristo Interno dentro del mundo de la forma para un propósito específico; esto es, evolucionar mediante la experiencia de causa y efecto hasta convertirse en co-creadores con el Padre. El alma es la vestimenta que se pone espíritu que evoluciona.

Sépase que este viaje a través del mundo de la forma fue un viaje puramente voluntario de parte del individuo. Hay incontables millones de seres que nunca desearon pasar por esta experiencia, y viven actualmente en el corazón del Padre Universal, en el estado de inocencia y arrobamiento del que disfrutaron los seres humanos en el Jardín del Edén antes de la «caída». Estos seres felices también están sirviendo a la vida en múltiples capacidades, de acuerdo con sus variadas naturalezas y tendencias, en diversas partes del reino de Dios.

 

RESPONSABILIDAD POR LA CAÍDA

La mayor parte de la gente, al no estar familiarizada con la Ley de Reencarnación, se inclina a culpar por su exilio del «Jardín del Edén» a sus padres legendarios — «Adán y Eva». Sin embargo, es menester recordar que cada individuo es responsable por su propia «caída». El primer acto inicial de la propia voluntad, o desobediencia, de parte de la corriente de vida en el pasado distante, inició a cada quien en el sendero descendiente. Cada hombre fue su propio «Adán», y cada mujer su propia «Eva». El primer «pecado» fue el de desobediencia a la Ley del Uno, en vez del pecado de lujuria como comúnmente se cree, culpándose los «primeros padres» entre sí por la pérdida de su inocencia, y los hijos culpando a los «padres» por haberlos privado de la felicidad de vivir «para siempre» en el «Jardín del Edén». A la luz del nuevo día, cada hombre, mujer y niño encarnado tiene que asumir plena responsabilidad por su propia «caída».

El alma es responsable, ante la Ley Cósmica, por los pecados cometidos por el ser externo (personalidad) porque mediante el primer acto de desobediencia contra la Ley de la Vida, nació una entidad extraña, la cual no tenía sitio en el Reino de Dios. Esta era la personalidad humana, la cual se fue haciendo cada vez más fuerte con cada acto de voluntad propia, hasta que finalmente descartó la autoridad de su creador (el alma); y con el transcurrir del tiempo, se convirtió en una ley de por sí, reclamando para sí existencia y derechos a los que no tenía derecho bajo las Leyes de Dios.

Sin embargo, todo esto no excusa al «alma» porque el pecado original fue cometido por un alma, y es obligación del alma de reasumir su puesto legítimo como representante del Ser Crístico en el mundo de la forma. Esto, también, constituye la razón de que se estableciera el cargo del Tribunal Kármico, de manera que el hombre pudiera aprender los efectos salutíferos contenidos en la Ley de Causa y Efecto, mediante el retorno a sí de las consecuencias de sus propios actos. La amonestación del Maestro Jesús, “todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos,” es otra prueba de la existencia de esta Ley Cósmica, la cual gobierna! la evolución del hombre en este planeta.

 

ANTE EL TRIBUNAL

Al final de cada encarnación, el alma comparece ante el Tribunal Kármico, y el resumen de dicho lapso se inscribe en los registros. Al principio de la próxima encarnación, el alma es citada de nuevo a comparecer ante los Señores del Karma, y cierto porcentaje de karma bueno y del malo se le asigna al individuo siendo responsabilidad de estos misericordiosos dispensadores velar que a nadie se le asigne demasiada carga de congoja debido a sus acciones equivocadas de pasado, afirmando la verdad del viejo adagio, «el Señor acomoda la espalda para la carga.» Es un verdadero infortunio que la Ley de Reencarnación no sea más ampliamente conocida, ya que explicaría todas las aparentes injusticias, así como también las «cargas y pruebas» que asedian a la raza humana —y pondría los seres humanos a remediarlas.

¿Puede el alma, al comparecer ante estos jueces imparciales al cierre de cada encarnación, aducir ignorancia de los actos de la personalidad? No, porque dentro de cada individuo hay un mentor espiritual -o Ser Crístico— y antes de cometerse cualquier acto incorrecto, invariablemente tiene lugar una conversación silente entre la personalidad y este «guardián silencioso», que en el argot del mundo externo se llama «la voz de la conciencia.» El alma es el mediador entre este preceptor y la personalidad, y si no impide que la personalidad lleve a cabo el acto, la culpa será del alma. Por tanto, tanto el alma como la personalidad sufren juntos las consecuencias del «pecado».

 

SENDERO ACTIVO

Cuando una persona pone su pie en el sendero se establece una asociación —como quien dice— entre el alma y la personalidad, el hombre externo cediendo a la mayor sabiduría del alma, y el ésta, a su vez, escuchando y obedeciendo a la voz del Cristo Interno, hasta que, finalmente, la personalidad es absorbida dentro del alma. Únicamente así puede la corriente de vida esperar realizar su Plan Divino y completar su evolución a través del mundo de la forma.

El Maestro Jesús afirma que, “ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” y no hay peligro alguno en decir que, sin el conocimiento y dispensaciones del nuevo día, tomaría toda la eternidad para que cada hombre realizara su destino, porque, si bien en cada encarnación hay cierta cantidad de deuda a la vida saldada en karma, el individuo raramente termina una encarnación sin haber creado más. Por tanto, la vida en este planeta sería prácticamente una cadena interminable para la mayoría de las corrientes de vida.

Sin embargo, mediante el conocimiento y uso del Fuego Sagrado en su actividad limpiadora y purificadora, traído a la humanidad por la dispensación otorgada a nuestro gran benefactor, Saint Germain, es posible —hasta en una encarnación, borrar la deuda kármica de la corriente de vida y establecer una relación armoniosa entre el alma y el Cristo Interno de cada quien.

Sólo hay una puerta que lleva a la vida eterna, y esa es a través del Ser Crístico en el corazón de cada cual. El Cristo Cósmico dijo a través del Maestro Jesús, “YO SOY la Puerta Abierta —nadie viene al Padre sino por Mí.” ¡NO HAY OTRA MANERA!

Cuando toda la humanidad haya regresado a la manera de vida de Dios, y viva de acuerdo con la Ley del Amor, los grandes Señores del Karma serán liberados del doloroso cargo que tan amorosa y misericordiosamente ejercen ahora.

 

Tomado del libro: Diario del Puente a la Libertad –  Lady Nada

Serapis Bey Editores

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