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Discernimiento espiritual: aprende a reconocer la verdad

Hilarión comparte Su experiencia sobre los prejuicios y el discernimiento espiritual, con un llamado para reconocer la Verdad y expresarla en la vida diaria.

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"Todos los hombres buscan anhelantes a DIOS y se preguntan con inquietud: ¿Cómo saber y cómo poder encontrar a Dios? - Si realmente quieres conocer la...
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Enseñanzas del Maestro Ascendido Hilarión sobre el discernimiento, las opiniones preconcebidas y la apertura a la Verdad. Esta selección reúne pasajes de Su experiencia y un llamado para reconocer, expresar y vivir la Verdad.

Si deseas acompañar la lectura con una práctica ordenada de los llamados, puedes consultar Cómo Decretar Correctamente. Encontrarás esta guía y mis otras publicaciones en el catálogo completo de libros.

Hilarión: conocer la Verdad y aplicarla

En su mayor parte, la humanidad no está muy preocupada por la Verdad. Anhela una confirmación de aquellos conceptos que ha desarrollado, que le resultan cómodos y aparentemente agradables para vivir.

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Es evidente para el individuo pensante que si alguien estuviera poseído por la plenitud de la Verdad dentro de sí mismo, esa Verdad lo habría liberado mediante su aplicación, en las experiencias de su propia vida.

Los cuerpos etérico, mental y emocional del ser humano han sido expuestos a religiones, sectas e ismos de muchos tipos a través de las edades para la receptividad de su alma, en un esfuerzo por producir un patrón perfecto para que la conciencia del ser humano lo refleje.

Sólo cuando ese hombre o mujer llega a un punto en el que no desea la confirmación de opiniones preconcebidas, sino que busca la luz pura de la Verdad, nuestra Hermana con Casco, la Amada Pallas Atenea, y Aquéllos a quienes representamos, pueden dar la ayuda cósmica para liberar a tales personas.

Llamado para reconocer y expresar la Verdad

¡Amada Magna y Victoriosa Presencia de Dios YO SOY en mí (justo dentro de mi corazón palpitante), amada gloriosa Madre de la Verdad para este sistema (la amada Vesta), amada Pallas Atenea, amado Hilarión y todos los que sirven a la Verdad en los Ámbitos Ascendidos de Luz Cósmica, los amo! Los bendigo y les doy gracias sinceramente por todo su paciente y amoroso servicio a esta Tierra y sus evoluciones, y por sostener al menos un remanente de la memoria de esa Verdad perfecta de donde todo vino, y a la cual algún día habremos de regresar.

Háganme y manténganme lo suficientemente fuerte para ser la Verdad a través de mi propio ser y ver, escuchar y sentir esa Verdad en otros. Ayúdenme a conocer y a creer únicamente en lo que es Verdad, y a hacerme y mantenerme divinamente justo conmigo mismo y con otros al tiempo que hollo los senderos de la Tierra. ¡Que su Luz de Verdad flamee un poderoso faro frente a mí, iluminando mi camino y el camino de todos aquéllos a quienes contacte; que su Luz me impulse una y otra vez hasta que alcance mi meta —la Ascensión— en la Luz de toda la Verdad, por siempre libre! ¡Conscientemente acepto esto hecho AHORA MISMO con pleno poder, eternamente sostenido, todopoderosamente activo y siempre en expansión!

Hilarión: reconocer la Verdad cuando se presenta

Resulta fácil ahora mirar hacia atrás a la Dispensación Cristiana. Son muchos los himnos que se han escrito acerca de individuos que no hubieran abandonado al Maestro Jesús de haber estado con Él en aquel tiempo. El espejismo de los siglos ha hecho que sea fácil separar la figura de Jesús de las masas que vivían y caminaban sobre la Tierra en aquella época. No obstante, hablando como uno que estuvo allí, grande es el discernimiento, grande es la discreción requerida para reconocer un momento cósmico en su hora de expresión. Pequeña es la virtud del hombre que la descubre sólo cuando el flameante meteoro ya ha surcado los cielos y desaparecido en las oquedades más remotas del Universo. Lo sé bien… ¡ya que yo fui uno de esos!

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En el tiempo de Jesús, Yo estaba encarnado como Saulo de Tarso, siendo más tarde conocido como Pablo. Fui educado en todos y cada uno de los aspectos de la erudición bíblica; era capaz de recitar las Escrituras de memoria; conocía cada profecía de Isaías, Jeremías y los demás. Era un miembro de esa orgullosa y arrogante secta que sabía que el Mesías vendría a los «pocos escogidos» y estaría entre los sacerdotes. Sin embargo… ¡la cosa no fue así!

Recuerdo bien cómo discutíamos a menudo sobre la venida del Mesías, ya que Jerusalén lo esperaba ansiosamente y —pensaba Yo— ya había esperado demasiado. Nosotros, los estudiosos, dedicábamos largas jornadas a reflexionar sobre las Escrituras, y las examinábamos una y otra vez. Recuerdo también que en aquel tiempo eran muchos los que adolecían de «complejo mesiánico»: fanáticos que arrastraban hordas de seguidores y cuyas obras no eran más que cenizas.

Fue así que, entre los intelectuales, se propició una especie de caparazón protector racional, no sea que fuéramos engañados por los fanáticos del momento.

Hilarión: mirar más allá de la apariencia externa

Recuerdo bien cómo un día me puse mi túnica de seda, me perfumé las manos, me puse mis joyas, y fui a investigar los «desvaríos» de un hombre en el desierto que proclamaba la llegada del Mesías. Recuerdo que, con algo de disgusto personal, Me acerqué, al borde de la muchedumbre y contemplé la desgarrada figura de Juan el Bautista. Convencido en Mi fuero interno de que nuestro Rey de la Casa de David no tendría un precursor de tal calaña, Mis sentimientos retrocedieron. No fui capaz de ver a través del «disfraz». He de confesar que nunca contemplé la presencia física de Jesús porque no tomé en serio a Juan, y no lo valoré apropiadamente.

Hilarión: la disposición a cambiar

¡La Misericordia fue buena conmigo! En vista de que continué en mi sendero farisaico de destruir lo que consideraba fanatismo (llegando hasta a destruir la vida… ¡por cuestión de deber!), la misericordia fue buena al obstaculizar mi camino. La misericordia fue buena al abrir mi conciencia y mi vista al Cristo vivo e inspirador en aquel camino a Damasco. ¿Acaso piensan aquéllos de ustedes a quienes se les pide que cambien su naturaleza, que Yo no sé cómo es la cosa? ¡Un hombre orgulloso, vestido de seda, cabalgando con autoridad, lleno de vanagloria de la propia rectitud… repentinamente humillado en el polvo ante la Presencia de un Ser que había vivido en mi tierra, en mi tiempo, y a quien Yo no había conocido! ¿Acaso piensan que cambiar ese modo de vida fue fácil?

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Aún después de esa magnífica Visitación… bueno, la verdad es que nadie podrá jamás entender aquello por lo que pasé. Finalmente, me llevaron a la comunidad de la Amada María, y allí pasé algunos años tormentosos. Al principio, me llené de remordimiento; luego, de resentimiento teñido de orgullo… sólo de pensar que estos hombres y mujeres de origen humilde, con manos gastadas por el trabajo, podían hablar tan fácil y libremente de los días y noches que pasaron en la presencia del Maestro Jesús, sólo de pensar que Yo —que podía recitar las Escrituras de memoria — tenía que oírles los cuentos a esta gente… ¡y escribir de segunda mano la historia del Mesías! Fue María, la Santa Madre, quien salvó mi cordura en aquel tiempo, por esa Gracia de la cual Su Hijo había hablado tantas veces. Fue María quien me enseñó el Sendero del Amor Divino. Fue María quien me enseñó lo que más tarde escribí, que podrán ustedes encontrar en mis Epístolas en el texto bíblico.

Fue María quien Me dio esa conciencia del Amor Divino que Me permitió avanzar y ser un misionero, tanto en sentimiento como de hecho.

¡Perseveren, perseveren, Mis amados! Al saber de lo que hablo, puedo decirles: ¡Perseveren en el Amor y se podrán poner la Corona de la Victoria y la Vestidura Blanca!

Para continuar con la aplicación consciente de tus llamados, Cómo Decretar Correctamente reúne enseñanzas, decretos e invocaciones para la práctica. Puedes revisar su contenido y elegir otras lecturas en todos mis libros.

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"Todos los hombres buscan anhelantes a DIOS y se preguntan con inquietud: ¿Cómo saber y cómo poder encontrar a Dios? - Si realmente quieres conocer la imagen exacta de DIOS, déjate de más búsqueda y “CONÓCETE A TI MISMO”. En ti está Dios presente, sapiente y consciente". Arriba soy Espíritu Divino, abajo soy Espíritu encarnado. YO SOY lo que el Creador Es.
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