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Luxor, el templo de la ascensión | Serapis Bey

yosoyespiritual yosoyespiritual 2.4K vistas Escribe tu comentario 13 minutos de lectura Serapis Bey

TEMPLO ABIERTO DEL 15 DE SEPTIEMBRE AL 14 DE NOVIEMBRE DE 1952

La importancia de esta sección: Una de las razones importantes para familiarizar a la humanidad con los concilios donde la Llama está más activa en un momento dado en el ciclo terrenal es que las energías de cada visitante pueden hacerse parte de la expansión de dicha Llama, y cada persona interesada es “gasolina” para ese fuego.

Cuanto mayor sea la concentración del regalo que siempre resulta en algún beneficio específico para la raza, naturalmente tanto mayor será la bendición individual para cada parte componente —cuanto más brilla el fuego tanto mayor será su regalo de luz.

¡Viajando plácidamente río arriba por el Nilo, a casi ochocientos kilómetros de distancia de nuestro punto de embarque en El Cairo, se divisan los gloriosos Templos de Luxor, los cuales se destacan en las arenas del desierto, proclamando al mundo una magnificencia de esplendor, una trascendencia de adoración con propósito, que la civilización moderna no comprende. A una distancia caminable del pantano, pasando por un tablado improvisado sobre el cual nos desplazamos al dejar la relativa seguridad de nuestro bajel, entramos a las grandes avenidas de pilares que se extienden alrededor de la base de los grandes templos construidos por Ramsés II, y los cuales han perdurado hasta el presente. Los templos parecen palpitar no sólo con los registros akáshicos de invocaciones espirituales y empeños de los Iluminados de las edades, sino con un estímulo muy presente, poderoso, potente y activo para la elevación de alma y espíritu.

Procediendo hacia adelante, llegamos a un gran edificio de piedra blanca, construido como un cuadrado perfecto, que parece estar en buen estado y actualmente habitado. Está rodeado por un muro muy alto, las cuatro esquinas del cual terminan en torres inmensas. La entrada es a través de puertas masivas, las cuales se abren a un gran patio, vistazos del cual podemos percibir a través del intrincado enrejillado.

ENTRADA AL RETIRO

Nuestro guía llama al portero tirando de un cordel que cuelga al lado de la puerta. Escuchamos el sonido de una campana melodiosa, y nuestro llamado es inmediatamente respondido al abrirse las puertas hacia adentro, permitiéndonos pasar a un verdadero paraíso de belleza. El contraste entre el árido desierto que yace a dos metros del muro externo y este jardín verde y exuberante con sus fuentes musicales, sus flores de diversos colores, y el brillante plumaje de los pájaros, nos hacen enmudecer de tanta admiración y deleite. Al fondo del patio vemos el famoso santuario de Luxor, conocido por todo el mundo espiritual como el anfitrión de esos hijos del hombre que están a punto de terminar su peregrinaje terrenal, y de quienes desean acelerar el desarrollo de las calificaciones necesarias para pasar conscientemente al próximo ámbito de vida consciente, a través de lo que se denomina “la Ascensión“. ¡Oh, Luxor, cuántos sueños y esperanzas, cuántos congojas y desengaños, cuántas desilusiones y deceleraciones están escritos en los éteres invisibles encima de tu apariencia aparentemente plácida!

DISCIPLINA ESTUDIANTIL

Al entrar al santuario desde el jardín, a cada uno se nos conduce a un cubículo separado, el cual habrá de ser nuestro sagrario privado durante nuestra estadía, el contenido sencillo del cual consiste de una bacinilla, una pequeña mesa recta sobre el cual hay una botella llena de agua fresca y burbujeante, una silla individual y en el piso algo que parece ser una alfombra oriental de oración. En la habitación no hay libros, no hay cuadros y sólo hay una pequeña ventana arriba en la pared, de manera que se le requiere a la persona pararse sobre la silla para ver las posibles actividades distrayentes en el patio externo.

En tan angosto compás, el aspirante se ve forzado a encararse a sí mismo sin ninguna utilería, sin estímulos mentales, sin nada fuera de su propio guía espiritual o mentor, quien vive hondo, hondo, hondo dentro del corazón. No hemos siquiera comenzado a pensar en nuestra intransigente soledad cuando somos convocados a ante el Jerarca — aquel cuyo nombre ha entrañado L para los hombres durante centurias — precisamente aquél se deriva el actual “espíritu espartano”, y quien fue el originador de esa gran raza cuya memoria aún vive en la historia inmortal de la Grecia antigua.

ANTE EL JERARCA

Seguimos a nuestro guía hasta la biblioteca, y al abrirse la puerta lo vemos sentado derecho, impersonal y adusto detrás de Su gran escritorio, Nuestro mensajero se ausenta, y quedamos solos de pie frente al Jerarca. ¿Por qué hemos venido? ¡Oh, si tan sólo pudiéramos escapar! Él nos mira y Sus ojos penetrantes escudriñan profundamente dentro de nuestros corazones. Sentimos como que nuestros pensamientos y sentimientos son sacados a patadas y empujones de nuestros cuerpos internos hasta que se yerguen exteriorizados en el recinto —no sólo nuestros sentimientos actuales de trepidación, sino que todas las incontables, desordenadas y embrolladas reacciones a experiencias a lo largo nuestra vida están allí presentes y visibles como nuestros acusadores silentes.

Por más que tratamos, no podemos suprimirlas ni impedirles que salgan volando, cual habitantes de la caja de Pandora, por todo el salón llenando el santuario sagrado con nuestras iniquidades personalmente, todo es descubierto y allí permanecemos revelados en nuestra naturaleza humana, esperando ser despedidos al instante. Entonces oh, entonces el indescriptible alivio y júbilo el gran Maestro sonríe.

Serapis, Señor de Amor, Maestro Divino de las Huestes Seráficas que llevan Tu nombre, cuan dulce eres en tu sencilla y amable bendición. Al instante todas nuestras creaciones desaparecen, y si bien estamos incómodamente conscientes de que todo ha sido reintegrado de vuelta a nuestra propia naturaleza humana indisciplinada, al menos ya no está ante nuestros ojos y los de nuestro gran anfitrión. A lo interno, tomamos la decisión de concentrarnos en su aniquilación. De este modo estamos seguros, no sea que nos veamos forzados de nuevo a comparecer develados ante la presencia de Pureza, y encontrarnos indignos. ¡Es así como el voto número uno es voluntariamente tomado!

El gran Maestro explica entonces que Luxor provee la oportunidad para el desarrollo de la naturaleza espiritual, pero que no hay más maestro que la propia Llama de Vida del individuo. Hay grandes bibliotecas que rebosan con inapreciables tomos, pero no hay nadie que te señale un curso de lectura. A uno lo dejan a la inspiración e intuición del corazón. Hay incontables tesoros simbólicos de arte, todos contentivos de los secretos, códigos y mensajes de inmortalidad, pero nadie nos sugerirá jamás que les demos una mirada.

Sin embargo, la totalidad de los recursos del Retiro es nuestra por la duración de nuestra estadía, así como también lo son las gloriosas oportunidades de la vida diaria… ¡el terreno de prueba de todo hombre! Nos exhorta entonces a ir y desarrollar nuestro propio curso de estudio y, si después de cierto tiempo, cuando volvamos a ser citados a comparecer ante Él, hay siquiera la más leve mejoría en nuestra aura exteriorizada, podremos quedarnos. De lo contrario, con todo amor bendito, tendremos que partir.

Aquí, desde el 15 de Septiembre hasta el 14 de Agosto, será recibido todo hijo esperanzado del hombre, quien elige tirar del largo cordel de lino que cuelga silenciosamente al lado de la puerta enrejiIlada, que da a Luxor, hogar de Serapis Bey; y tirando del cordel, señala su disposición a comparecer ante el glorioso Jerarca y aprender por cuenta propia cómo puede mejorar su vida hasta lograr la meta final del empeño terrenal —la ascensión consciente al cierre de su encarnación, doquiera que Dios decrete que el trabajo en el viñedo ha sido completado.

Esperamos que TODOS aprovecharán esta oportunidad y sensatamente aceptarán el exhorto del Señor Serapis a… ¡TRATAR!

EL MAESTRO SERAPIS BEY DE LUXOR

(Septiembre/ Octubre de 1952)

A la cabeza del gran Rayo que conforma el puente entre los Ámbitos Internos del Reino de Dios y la mente consciente y operante del hombre, se encuentra el gran ser conocido en la Jerarquía Espiritual bajo el nombre de Serapis. Su esfera interna de actividad es la Cuarta Esfera —o el Ámbito de Bey. Es este Cuarto Ámbito, Serapis prepara muchos tipos de actividades culturales, las cuales son desarrolladas por sus pupilos y proyectadas a las mentes de individuos receptivos que se encuentran trabajando en líneas similares de empeño en el mundo hoy día. Algunos de éstos son Sus pupilos conscientes, otros son los beneficiarios inconscientes de Su fuerza inspiracional dirigida.

En el ámbito de interpretación artística, composición musical y generalmente en la creación y construcción de bellas formas, Sus empeños inspiran la conciencia de la humanidad a mayores esfuerzos en construir el mundo de la forma, la gran belleza del Reino del Cielo. En ésta Obra Cósmica, Serapis cuenta con la asistencia de las Huestes Seráficas que llevan Su nombre. Así como todos los Maestros tienen su foco para su fuerza espiritual en el planeta donde actualmente están operando, el Maestro Serapis tiene Su retiro en Luxor, Egipto. Este Retiro es de una naturaleza de lo más estricto e inflexible, y su servicio específico es el desarrollar la naturaleza del hombre hasta el punto en que la ascensión del cuerpo físico es posible. En vista de que el Cuarto Ámbito representa el punto de contacto entre el hombre externo y su Cristo Interno, es en este ámbito que habitan los Seres Superiores de la gran mayoría de los seres humanos, a la espera del desarrollo de la personalidad hasta el punto en que se pueda efectuar una unión consciente. Serapis Bey ha sido delegado para crear y sostener un puente de conciencia que vaya desde estos seres internos que viven en Su Esfera, hasta las personalidades de la raza humana. De allí que se le conozca como el constructor celestial de puentes.

El Puente a la Libertad – Serapis Bey

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