¿Quién es nuestra paz? | Por Emmet Fox

Por supuesto que todos sabemos que sólo Dios es nuestra paz -aunque casi todos tendemos a olvidarlo de vez en cuando, por más fervorosamente que lo creamos. Tenemos la tendencia- al menos ocasionalmente, y sin caer en la cuenta de ello- a reposar en nosotros mismos, lo cual entraña, por supuesto, que pensemos que somos nuestra propia paz. Nunca nos admitiríamos esto, pero así pasa, y lo único que resulta de esto es que no obtenemos ningún resultado hasta que cambiamos tal actitud.

Tan pronto como comenzamos a pensar de esa manera, rápidamente caeremos en la cuenta de ello porque las cosas comenzarán a salir mal, o comenzaremos a sentirnos algo deprimidos. De allí, claro está, que tenemos que recordarnos a nosotros mismos que es Dios quien es nuestra paz, y que tenemos que poner nuestra confianza en Él; en otras palabras, descansar en el Señor.

Estos errores ocurren de tiempo en tiempo porque hemos estado descuidando nuestras visitas diarias a Dios. Estas visitas pueden darse en términos de oración, meditación, lecturas de espiritualidad, o cualquier otro ejercicio espiritual.

Esta visita diaria es la mayor inversión posible que puedes hacer con tu tiempo, los diez o quince minutos, o media hora, lo que mejor se te acomode. Pregúntate qué más podrías posiblemente hacer con ese lapso que pudiera tener un valor mayor, y realmente ayudarte más. Y, no obstante, la gente frecuentemente lo pospone porque se dicen a sí mismos que hoy no tienen tiempo, o tienen algo mucho más urgente o importante que hacer.

Ahora bien, cuando pienses que estás demasiado ocupado para hacer tu visita diaria, déjame preguntarte con franqueza: ¿qué cosa maravillosa estás haciendo que pudiera ser más importante?

Es obvio que no hay nada que le llegue ni cerca en importancia a tu visita diaria con Dios. No importa qué pueda ser lo otro, no puede ser más importante que esto. No hay nada que posiblemente pudieras hacer con ese tiempo que te trajera un beneficio mayor en todo respecto. De hecho, si tienes algo muy importante y urgente que hacer, siempre encontrarás el tiempo para hacerlo y de hacer tu visita también. Y tu visita hará que tal cosa importante se desenvuelva mucho más fácil y exitosamente.

Casi siempre cuando alguien se dice a sí mismo que tiene que dejar para después su visita diaria porque hay algo urgente e importantísimo que hay que hacer en vez, la verdad es que dicha persona ha desperdiciado esa cantidad de tiempo en cosas que no tienen importancia.

Descuida todo lo demás si no te queda otra, pero no descuides tu visita diaria a Dios.

«Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz»

[Job 22:21] Emmet Fox

* Extractos de Reclama lo tuyo (SERAPIS Bey Editores)

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